Quiero besarte, pero en cambio te trato mal.
Me tocas y te aparto con rabia.
Quieres hablarme y te insulto
No es ati, es al pasado, al maldito que quiere volver... no lo haces muy fácil
Porfa ayudame a dejar el pasado atrás
Marido y mujer
miércoles, 13 de febrero de 2008
Me da rabia a veces engañar falsamente a esa curva deliciosa de tu cintura, esa maldita cintura tuya, dictadora y tiránica… Es una perra esa cintura, me hace ver cada ola, cada nube, cada grito como una cintura, omnipresente, al igual que tus piernas inmensas, más largas que los ríos, morenas como el atardecer. Haces que mi mundo sea una cintura y un par de piernas interminable… ¡vaya bellaca que eres!
Por eso falsamente te engaño, sin engañarte, pues ni sabes ni sabrás que siendo de otros he sido casi siempre tuya.
Escúpeme una bocanada de tu cigarro mientras juego a la esposa ofendida cuando me cuentas de ella. Y me siento el marido dominante al contarte detalladamente mis aventuras con otros, al arrojártelas en la cara, como tú me escupes tu humo. Pero todo es en mi cabeza, pues nunca he sido tu esposa, ni nunca seré tu marido. Nunca me celarás ni nunca podré hacerlo, quedará como testigo de mis celos mi labio torturado por mis dientes furiosos de saberte pensando en otra, deseando a otra y no a mi, que por ti sería marido y mujer.
Por eso falsamente te engaño, sin engañarte, pues ni sabes ni sabrás que siendo de otros he sido casi siempre tuya.
Escúpeme una bocanada de tu cigarro mientras juego a la esposa ofendida cuando me cuentas de ella. Y me siento el marido dominante al contarte detalladamente mis aventuras con otros, al arrojártelas en la cara, como tú me escupes tu humo. Pero todo es en mi cabeza, pues nunca he sido tu esposa, ni nunca seré tu marido. Nunca me celarás ni nunca podré hacerlo, quedará como testigo de mis celos mi labio torturado por mis dientes furiosos de saberte pensando en otra, deseando a otra y no a mi, que por ti sería marido y mujer.
Encontrarte
sábado, 19 de enero de 2008

Y de lejos también sonríes, y brillan más fuertes aun las estelas de tu alegría. De lejos se reflejan en los párpados pesados de mis ojos, los cansados. Con una mano te digo “adiós” y con la otra retengo tu mano. Pero tu mano es una medusa y se va navegando ligera por las piedras del “debo irme”, surfeando por el “y no regresaré”. Así te vas dejando lánguida mi mano y mi razón, y te vuelves espuma de mar, todo para que no te alcance, sabes que ya no soy marinero.
Pero que más da, cuántas veces te has perdido y cuántas veces te he encontrado. Aún con 80 años siempre te encontraré. El problema no es aquel. El problema es que siempre que te encuentro ya has muerto. Con huesos relucientes y gastados de lo no dicho… y es que lo que se calla también te desgasta los huesos.
Medusa muerta, seca bajo el sol, ángel muerto, rosa muerta, siempre muerto, siempre muerta.
Y en tu muerte la vida mía parece una tragedia, te miro ahí muerto y buenamente nos reímos ambos. Tu te ríes porque recuerdas que solo una vez te encontré vivo, y yo me río porque sin ti, aun con vida, siempre estuve más muerta que tu.
Insomnio
miércoles, 19 de diciembre de 2007

Suena una gotera idiota y repetitiva dentro de las venas, estas azules venas mías.
Siento las venas y siento el aire por la nariz asaltarme y es que en insomnio se siente hasta lo más digno de olvidarse.
La luz me carcome los ojos y amenaza con dejarlos abiertos. ¡Maldita sea esa luz, maldita, al igual que el infierno!
Y eso parece ahora este maldito momento, sonidos lejanos y taladrantes, manchas de luz ladridos de perro, todo en una ensalada que gustoso me trae ese horrendo mesero.
Este mesero odioso me frecuenta mucho en el último tiempo: ¿qué se servirá hoy señorita? Tenemos insomnio a la naranja, soufflé de pesadillas y budín de recuerdos.
Con odio le quito la bandeja y con verdadero furor le grito de lejos… ¿por qué no vas a hueviar a tu abuela y dejas de una vez que me drogue el puto sueño?
XI
miércoles, 12 de diciembre de 2007
Y ayer pasó sin más. Siguió habiendo tierra, siguió galopando el mar. Siguió bailando la luna con la noche morena, brillaron estrellas, volaron aves.
Y yo en el medio, el medio de todo, con un templo en mi pecho, gritando, corriendo luces, corriendo almas.
En el medio de la nada, como un huracán mudo, como una película rota en un cine vacío.
Girando colores, absorbiendo sin tocarme, la realidad infame. No sabe, no sabe.
No entiende ni calla. Me habla de desiertos, me habla de lunas. No sabe ni entiende. Estúpida y vil, toda malezas, toda demonios.
Estoy en el medio con mis alas mutiladas. Se me desangran los sueños, estoy muriendo, estoy lejana, estoy sufriendo.
Me traspasa el pecho una daga de nieve. Dolor perenne, frío por siempre.
Todo pasa, pasa. Se ríen de la vida, las sílfides y los árboles, todo azúcar, todos felices.
Y yo en el medio de todo y de nada. Reptante mi mente, arrastrándose por espinas de ponzoña; por esos ojos que aniquilan cuando me ven, escondidos.
Me muero, me muero, me muero… Difunta mi mano que rasguñas las letras. Difunta y sacrílega, robándose las emociones de los vivos.
¡Maldita, irreal! Esa es mi sangre, revolcándose en esta realidad que no entiende, que no es mía.
Que es prostituta, que se vende al mejor postor.
Yo no compro, yo no vendo. Yo me muero, extinta y sola, me voy al infierno… me voy lento, lento…
Y yo en el medio, el medio de todo, con un templo en mi pecho, gritando, corriendo luces, corriendo almas.
En el medio de la nada, como un huracán mudo, como una película rota en un cine vacío.
Girando colores, absorbiendo sin tocarme, la realidad infame. No sabe, no sabe.
No entiende ni calla. Me habla de desiertos, me habla de lunas. No sabe ni entiende. Estúpida y vil, toda malezas, toda demonios.
Estoy en el medio con mis alas mutiladas. Se me desangran los sueños, estoy muriendo, estoy lejana, estoy sufriendo.
Me traspasa el pecho una daga de nieve. Dolor perenne, frío por siempre.
Todo pasa, pasa. Se ríen de la vida, las sílfides y los árboles, todo azúcar, todos felices.
Y yo en el medio de todo y de nada. Reptante mi mente, arrastrándose por espinas de ponzoña; por esos ojos que aniquilan cuando me ven, escondidos.
Me muero, me muero, me muero… Difunta mi mano que rasguñas las letras. Difunta y sacrílega, robándose las emociones de los vivos.
¡Maldita, irreal! Esa es mi sangre, revolcándose en esta realidad que no entiende, que no es mía.
Que es prostituta, que se vende al mejor postor.
Yo no compro, yo no vendo. Yo me muero, extinta y sola, me voy al infierno… me voy lento, lento…
Muertos
domingo, 25 de noviembre de 2007

Recordar a los muertos no es buen negocio… pues se sientan, te toman tu café y se van, dejándote a la muerte en la cabeza y en los ojos.
Y los ojos se te vuelven cruces y las manos, huesos.
Y ya te cuesta respirar y vas muriendo un poco también, devorada por una canción o por la película que veían juntos… o te dispara un poco tu propio cerebro, te dispara imágenes de ese cine vacío y de tu cabeza en su hombro.
Te apuñala al segundo siguiente, con la evocación al calor, a ese calor sublime que solo sus dedos encendían en tu piel… mientras vagas en ese mar de ayer, te tropiezas, si, con tu propia soledad y despiertas, un poco desangrada y te das cuentas que estas sola y que lo muerto y los muertos, muertos están… que ya se fueron… que no están y tu sí…
Recordar a los muertos no es buen negocio.
Esperanza
viernes, 16 de noviembre de 2007

La música trigueña, de cafetales y sudores inundaba su cabeza y la hacia cerrar los ojos, juntar los labios y saborear sus besos dulces, color atardecer, sobre su piel canela, abrazada de soles, endurecida del trabajo de la tierra.
Con la música dentro, miraba hacia la ventana y eran las 5, y lo esperaba, el dijo que vendría. Ya el sol se moría, y las colinas color caramelo la miraban con angustia. Sus parpados caían desconsolados, pero aun expectantes, le tenía fe a ese hombre de espaldas anchas y manos curtidas por el trabajo, a ese hombre olor a hierba, a café y a vida.
Ya se colaba el frío entre su blusa semitransparente, parecía una estatua inmaculada, hermosa, perfecta. Solo la sombra de la desesperanza tiznaba sus mejillas. Y ya no trinaban las aves coloridas, y el cielo se vestía de luto… eran las 9 y ella seguía en la ventana, mirando al infinito, infinitamente decepcionada, infinitamente herida… el dijo que vendría.
Cuando sus ojos no resistían más, parieron una lagrimilla tímida que se abalanzó presurosa hacia el suelo.
Pero no cayo al suelo rojizo, la detuvo una mano canela, una mano obrera. Ella levanto los ojos entristecidos y lo vio. Sin nada más que hablar la besó con ímpetu, la abrazo con brazos selváticos, con calor amazónico. La desesperanza se fue, sus ojos lo abrazaron con vehemencia… e infinitamente fue feliz.
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