Noveno Cìrculo

jueves, 15 de octubre de 2009
Son máscaras polvorientas, amarillas de azufre las que cubren sus ratas. Ratas contaminándolo todo. Y tú, un túnel infecto, túnel que escarba buscando sangre. Pero no encuentra nada más que una sonrisa altiva.

Y tú, ciénaga infecunda que fuera rio. No existe más. No existe, pero hay un sol sobre mi cabeza. Un sol que no te toca, pero que se expande en mi pecho.

Y en la noche te diluyes, toda barro, toda ponzoña, lanzando cuchillos de algodón. Los recibo y los uso para adornar mis pies. Esos cuchillos impotentes son tu cara, partida en dos. Dos que es cero. Cero que es un muerto. Y a los muertos no he de mirar jamás.

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